sábado, 16 de agosto de 2008

"Zaratustra, mi hijo"

Capítulo 4

Bruno/Zaratustra: Giordano Bruno y Friedrich Nietzsche, profetas/mártires de Epicuro




Giordano Bruno y Friedrich Nietzsche, víctimas y mártires en sus respectivas épocas y circunstancias, se encarnaron así mismos como profetas de Epicuro y de buena parte de sus ideas y por ello fueron inmolados.

Giordano Bruno, por su propia voluntad y necesidad filosófica, al asumir para sí la función de "Ministro de un siglo mejor que comienza" (1), que es a la vez "el rebelde liberador de la humanidad y el vocero divulgador de la buena nueva" (2).

Friedrich Nietzsche, poseso por el espíritu ardiente de Giordano Bruno, el hereje y apóstata que fuera despojado de la carne por el fuego de la hoguera inquisitorial en el Campo dei Fiori, el 17 de febrero de 1600, y de quien Nietzsche encarna en sí mismo su genio y talante para similares misiones y, como Bruno, ser consumido por su propio fuego sagrado.

Siendo muchas y notables las conexiones, correspondencias y relaciones, así como también las diferencias y contrapuntos, entre Giordano Bruno y su obra con Friedrich Nietzsche y su obra, mostrarlas y demostrarlas, ha sido y es trabajo de especialistas y a ellos remito.

Por mi parte y de acuerdo con mi hipótesis descabellada, me propongo gozar de mi alegría de vivir y divertirme, seriamente, imaginando que Friedrich Nietzsche fue poseído por el espíritu de Giordano Bruno en los eventos extraordinarios que le sucedieron en agosto de 1881, en la bahía de Rapallo y a los que se sucedieron su enamoramiento por Lou Andreas Salomé, en 1882, y la escritura de Así habló Zaratustra, en febrero de 1883 y los sucesos vitales y obras que escribió en los años siguientes, hasta enero de 1889, cuando su mente es devorada en los delirios de su propia mitomanía (3).

Así mismo, deseo buscar las razones por las cuáles Michel Onfray, a pesar que Giordano Bruno se inspira en el Epicuro de Tito Lucrecio Caro en De rerum natura, no lo considera una de los cristianos hedonistas en el segundo volumen de su Contrahistoria de la filosofía II. El cristianismo hedonista, cuando ya anunció a Friedrich Nietzsche como uno de los hedonistas mayores en el primer volumen.

Giordano Bruno conoció a Epicuro, en primera instancia, a través del tratado hermético de Palingenio, Zodiacus vitae, quien a su vez lo conoció del poema de Tito Lucrecio Caro, De rerum natura.

Sin embargo, la interpretación y sentido que Giordano Bruno hace del poema de Lucrecio, se concentra en los elogios que de Epicuro hace el poeta latino, así como en la exposición de sus ideas cosmológicas, de las cuales, al tiempo que se asume como ministro, las utiliza para interpretar y dar sentido a "la luz de Nicolás Copérnico" (4), pues este ha sido:

"[...] dispuesto por los dioses como una aurora que debía preceder la salida de este sol de la antigua y verdadera filosofía, durante tantos siglos sepultada en las tenebrosas cavernas de la ciega, maligna, proterva y envidiosa ignorancia" (5).

Es el cumplimiento de esa labor ministerial lo que determina el destino trágico de Giordano Bruno hasta la hoguera inquisitorial. Sin embargo, él, que profetiza y predica esa nueva luz cosmológica, teológico-religiosa y antropológica, inspirada en Epicuro y Copérnico, permanecerá fiel a la concepción idealista platónica cristianizada del mundo y el Homo-humano, asumiendo una actitud extrañamente hermética sobre el materialismo hedonista del filósofo griego, expuesto y elogiado por Tito Lucrecio Caro en De rerum natura.

Y así queda resuelta mi inquietud por la expulsión de Giordano Bruno del mosaico de cristianos hedonistas de Michel Onfray.

Será ese destino trágico de Giordano Bruno y el de su ministerio profético por una “Filosofía del futuro” y para el destino de la humanidad el que, en agosto de 1881, frente a "la roca de Surlei", hace decir a Friedrich Nietzsche:

"[...] el Zaratustra entero, sobre todo el mismo Zaratustra como tipo: más exactamente, él me asaltó" (Ecce homo, p. 93).

Evento que es necesario conectar con ese otro momento, sucedido unos meses antes de ese "asalto" y sobre el que Nietzsche escribió:

"[...] descubrí juntamente con mi maestro y amigo Peter Gast, también él un “renacido” que el fénix Música pasaba volando a nuestro lado con un plumaje más ligero y más luminoso del que nunca había exhibido” (Ecce homo, pp. 93-94).

Un renacido de las llamas asaltó a Nietzsche y engendró, en él, a Zaratustra.

La presencia de Epicuro y Giordano Bruno en la vida y obra de Friedrich Nietzsche es extensa, profunda y entrañablemente unida a su biografía vital y existencial, biografía en la que cada elemento es asimilado, sintetizado e incorporado por medio de placenteros y dolorosos procesos físicos, anímicos e intelectuales.

Ya mencioné en el capítulo uno las correspondencias que podrían existir en la utilización de la palabra "aurora" que Bruno emplea para referirse a su misión como divulgador de las ideas de Copérnico y, la que Nietzsche emplea repetidas veces en su relación con Lou Andreas Salomé y, con sentidos específicos, en la misión de Zaratustra en Así habló Zaratustra y en las obras posteriores.

Del Epicuro de Nietzsche puede decirse que este nace desde antes de sus primeras exploraciones en la antigüedad clásica griega y helenística, las cuales lo conducen a las intensas relaciones con Richard y Cósima Wagner y su inserción en el círculo de sus afectos.

También de esos tiempos, como se mostrará más adelante, es un primer antecedente de la presencia de Giordano Bruno en Nietzsche, esta vez, por la influencia de Richard Wagner.

Probablemente, el primer antecedente de la presencia de Epicuro se deba a las influencias que Nietzsche debió asimilar en las lecturas juveniles que hizo de las críticas que Lutero y Calvino hicieran a las comunidades de “Hermanos y Hermanas del Espíritu Libre”, aquellas que enseñaron en la clandestinidad una filosofía hedonista entre los siglos XIII y XVI, tal y como lo expone Michel Onfray.

Sin embargo, será con posterioridad al rompimiento con Wagner cuando la presencia de Epicuro emerge consolidada en la vida y en la obra de Friedrich Nietzsche.

Primero, a través de las ideas epicúreas que se irán desarrollando en sus obras previas a Así habló Zaratustra: Humano, demasiado humano (1878), El caminante y su sombra (1879), Aurora (1881) y La gaya ciencia (1882). La presencia de Epicuro que se mantendrá hasta sus últimas obras.

Segundo, el deseo de Nietzsche por establecer su propio Jardín de Epicuro, su propia comunidad, el que empieza a manifestarse desde el verano de 1879 y que reaparecerá en otras ocasiones posteriores con iguales o superiores propósitos por su parte.

Es significativo el hecho de haber coincidido el deseo de Nietzsche con el de Lou Andreas Salomé por formar una comunidad en la que, siendo él el Maestro, ella y otros alumnos privilegiados, se encargarían de aprehender y divulgar la "Filosofía del futuro" que Nietzsche se proponía desarrollar, como ya lo anuncia en la carta que le escribe, desde Génova a Roma, a Paul Rée, el 21 de marzo de 1882, refiriéndose a Lou Andreas Salomé, pocos días antes de su primer encuentro:

"[..] salude a esta rusa de mi parte si esto tiene algún sentido: ansío esta clase de almas, si, saldré pronto en búsqueda de esta presa: en vistas a lo que quiero hacer en los próximos 10 años la necesito" (6).

Ese proyecto, que es tema de varias de las cartas entre Nietzsche y Lou durante el segundo semestre de 1882, sería el sustituto para las rechazadas propuestas matrimoniales que él le hizo a ella y que, a pesar de fracasar, culmina con la gestación de Así habló Zaratustra, como ya lo propuse en anterior hipótesis descabellada.

Por las anteriores consideraciones y en beneficio de un proceso de "racionamiento por abducción", propongo ahora: serán, el Epicuro encarnado de Giordano Bruno y el espíritu del monje inmolado, los que poseerán y encarnarán en Friedrich Nietzsche en aquel momento epifánico en que Zaratustra “lo asaltó” y los que lo guiarán hasta su inmolación en ese fuego sagrado.

Existe un Giordano Bruno que se hizo presencia en Nietzsche desde los tiempos de Richard Wagner, tal como queda establecido en el intercambio epistolar entre Nietzsche y Heinrich von Stein en la primavera de 1883, como lo anota Curt Paul Janz, en su biografía de Nietzsche:

"Heinrich von Stein agradece el obsequio (la edición de las dos primeras partes de Así habló Zaratustra), «la cálida verdad cuyo pulso me llega palpitante», y envía, a su vez, «lo que vuelvo a tener precisamente ahora entre las manos, poemas traducidos de «Giordano Bruno», entre ellos uno «que, en su tiempo, gustaba muy especialmente a Wagner».

[...]

Y Nietzsche responde el 22 de mayo de 1883 (¡cumpleaños de Wagner!): «Esos poemas de Giordano Bruno son un regalo por el que le quedo agradecido de todo corazón. Los he 'tomado'... como gotas vigorizantes" (7).

¿Podrían haber hecho parte de esos poemas los siguientes versos de un soneto antepuesto por Giordano Bruno al Del infinito: el universo y los mundos y que también utiliza, en versión latina, como apertura del De inmenso?:

"Hay quien me empluma y quien me inflama el pecho,
quien me hace no temer fortuna o muerte,
quien rompió las cadenas y aquellas puertas
de donde pocos se ven sueltos y salen fuera.
[...]
Por eso las alas al aire seguras abro
y no temo chocar con cristal o vidrio,
mas surco los cielos y al infinito me alzo".

¿Evidente visión de sí mismo para Zaratustra / Nietzsche?

Lo anterior, a pesar del desprecio que Wagner sentía por El Renacimiento o, ¿quizás por ello?

Congruente con su pensamiento y con la idea que de sí mismo tenía Nietzsche de ser un fénix, es por lo que se autoinmola e inmola a todos aquellos que ha amado y a todo aquello que le ha servido de modelo. Inmolación que realiza en esas "revelaciones" o "experiencias extraordinarias" que él considera epifánicas en cada uno de los momentos definitivos de su existencia. ¿"Eterno retorno"?

¿Es ese el anuncio, igual al de agosto de 1881, en el que anticipa, en 1883, en los Ditirambos de Dionysos tanto la inmolación del Bruno/Zaratustra como la del Zaratustra/Nietzsche, como lo hace notar Rafael Gutiérrez Girardot?:

"En el ditirambo Última voluntad reúne estas tres voces en un coro que canta la nostalgia de una muerte vencedora. "Morir así/ como entonces lo vi morir:/ venciendo, aniquilando". Quién es el amigo a quien vio morir en otro tiempo y quien "lanzó divinamente rayos y miradas" a su "oscura juventud?" El ditirambo fue escrito en 1883, el año en que aparecieron las dos primeras partes de Zaratustra. En un cuaderno -el 20 en la edición de los fragmentos póstumos- del otoño de ese mismo año, apuntó Nietzsche esbozos de la tercera y cuarta parte de la obra. En dos de ellos, cuenta la muerte de Zaratustra: "Asciende riendo a la roca: pero llegado allí, muere feliz". La necrología que sigue se titula Sobre un triunfo (10, p. 592 ss.). Es el borrador en prosa del ditirambo Última voluntad. A quien vio morir Nietzsche fue Zaratustra. Pero su muerte fue una redención y una resurrección: "Redimir a los pasados y transformar todo 'fue' en un 'así lo quería'-" escribió en Ecce homo (6, p. 348) y Nietzsche lo quería eterno y necesario, como dice el ditirambo Fama y eternidad" (8).

Lo cierto es que Giordano Bruno también termina siendo, otra vez, inmolado, como lo fueron todos aquellos a quien Friedrich Nietzsche amó como a sus modelos y fuentes de inspiración, consecuencia de su compulsión a constituirse así mismo como "el único", el fénix, Zaratustra/Nietzsche, el mito de mitos que finalmente se lanza al abismo.

Es en Más allá del bien y el mal (1886), la obra que mejor explica Así habló Zaratustra, así como a las últimas obras de Nietzsche, donde se consuma ese sacrificio junto con el de Spinoza, otra de las presencias sustanciales en Nietzsche a partir de 1879:

"Estos expulsados de la sociedad, estos perseguidos durante mucho tiempo, hostigados de manera perversa, - también los eremitas a la fuerza, los Spinoza o los Giordano Bruno - acaban siempre convirtiéndose, aunque sea bajo la mascarada más espiritual, y tal vez sin que ellos mismos lo sepan, en refinados rencorosos y envenenadores (¡exhúmese alguna vez el fundamento de la ética y de la teología de Spinoza!), - para no hablar de esa majadería que es la indignación moral, la cual, en un filósofo, es el signo infalible de que ha perdido el humor filosófico. El martirio del filósofo, su «sacrificarse por la verdad», saca a luz por fuerza la parte de agitador y de comediante que se hallaba escondida dentro de él; y suponiendo que hasta ahora sólo se haya contemplado al filósofo con una curiosidad artística, puede resultar ciertamente comprensible, con respecto a más de uno de ellos, el peligroso deseo de verlo también alguna vez en su degeneración (degenerado en «mártir», en vocinglero del escenario y de la tribuna). Sólo que quien abrigue ese deseo tiene que saber con claridad qué es lo que, en todo caso, logrará ver aquí: - únicamente una comedia satírica, únicamente una farsa epilogal, únicamente la permanente demostración de que la tragedia prolongada y auténtica ha terminado: presuponiendo que toda filosofía naciente haya sido una tragedia prolongada. -" (9).

Consumado el sacrificio de Zaratustra/Nietzsche, el filósofo, ya poseído de sí mismo, emprenderá la solitaria y trágica lucha contra el idealismo platónico cristianizado que lo convertiría en "mártir de esa causa", primero, por motivo de la enfermedad, cuando su mente se derrumba en Turín. Segundo, a manos de su hermana Elizabeth, quien censura, corrige y tergiversa, no sólo su imagen pública y privada, si no los escritos no publicados. Y tercero, a manos de los exegetas y críticos de su obra, quienes, a favor o en contra, han malinterpretado su pensamiento, la mayor parte de las veces.

Espero que ahora, Michel Onfray lo juzgue y, al fin, le haga justicia.

NOTAS

(1) Giordano Bruno, De inmenso, III, 9, p. 381, Opera latina:

"Nam me Deus altus/ vertentis secli melioris non mediocrem/ destinat, haud veluti media de plebe ministrum".

(2) Miguel Ángel Granada, La reivindicación de la filosofía en Giordano Bruno, Herder, Barcelona, 2005, p. 97.
(3) Iván Rodrigo García, LECTOR LUDI. Manual de iniciación a la alquimia de la lectura, Tercera parte: Lectura alquímica, Capítulo 1: Nietzsche: La vida como literatura. Así nació Zaratustra en los tiempos del amor.
(4) Giordano Bruno, De inmenso, III, 9, p. 381, Opera latina.
(5) Giordano Bruno, La cena de las cenizas, Diálogo primero, Alianza, Madrid, 1987, p. 67.
(6) Friedrich Nietzsche, Lou Andreas Salomé, Paul Rée, Documentos de un encuentro, Laertes, Barcelona, 1982, p. 71.
(7) Curt Paul Janz, Friedrich Nietzsche. 3. Los diez años del filósofo errante, Alianza, Madrid, 1985.
(8) Rafael Gutiérrez Girardot, Los ditirambos de Dionysos de Nietzsche, Revista Crítica, Universidad de Antioquia, Medellín, diciembre de 1994, p.78.
(9) Friedrich Nietzsche , Más allá del bien y el mal, aparte 25 de la Sección segunda: El espíritu libre, Alianza, Madrid, 1997.

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BIBLIOGRAFÍA DISFRUTADA

(Además de los títulos citados en las notas)

EPICURO:

- Epicuro, Obras, Tecnos, Madrid, 2005.
- Diógenes Laercio, Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, Aguilar-Crisol, Madrid, 1959.
- Benjamín Farrington, La rebelión de Epicuro, LaiaB, Barcelona, 1983.
- Karl Marx, Escritos sobre Epicuro, Crítica, Barcelona, 1988.
- Emilio Lledó, El epicureismo, Taurus, Madrid, 1995.

GIORDANO BRUNO:

- Giordano Bruno, La cena de las cenizas, Swan, Madrid, 1984.
- Giordano Bruno, Expulsión de la bestia triunfante, Alianza, Madrid, 1995.
- Giordano Bruno, Cábala del Caballo Pegaso, Alianza, Madrid, 1990.
- Giordano Bruno, Sobre el infinito universo y los mundos, Aguilar, Madrid, 1981.
- Frances A. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética, Ariel, Barcelona, 1983.
- Miguel Ángel Granada, Giordano Bruno. Universo infinito, unión con Dios, perfección del hombre, Herder, Barcelona, 2002.

FRIEDRICH NIETZSCHE:

-Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra, Alianza, Madrid, 1998.
- Lou Andreas Salomé, Nietzsche, Zero, Madrid, 1986.
- Eugen Fink, La filosofía de Nietzsche, Alianza, Madrid, 1996.
- Dietrich Fischer-Dieskau, Wagner y Nietzsche, el mistagogo y el apóstata, Atalena, Madrid, 1982.
- Rüdiger Safranski, Nietzsche, biografía de su pensamiento, Tusquets, Barcelona, 2001.
- Alexander Nehamas, Nietzsche. La vida como literatura, Turner/Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2002.
- Gianni Vattimo, Introducción a Nietzsche, Península, Barcelona, 2001.
- Lesley Chamberlain, Una biografía íntima. Nietzsche en Turín, Gedisa, Barcelona, 1998.

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